Budismo en Valencia

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Cuando decimos Buda, pensamos naturalmente en el príncipe indio Gautama Siddharta, que alcanzó la Iluminación en el siglo VI a.C. y que enseñó el camino espiritual que siguen millones de personas en toda Asia y que hoy se llama budismo.

Buda, no obstante, tiene un significado mucho más profundo: se refiere a una persona, cualquier persona, que ha despertado completamente de la ignorancia y se ha abierto a su vasto potencial de sabiduría. Un buda es una persona que ha puesto un definitivo final al sufrimiento y la frustración y ha descubierto una paz y una felicidad duraderas e inmortales.

Sin embargo, para muchos de los que vivimos en esta época de escepticismo, este estado puede parecer una fantasía o un sueño, o tal vez una hazaña absolutamente fuera de nuestro alcance. Es importante recordar siempre que Buda fue un ser humano como usted o como yo. Nunca se proclamó divino; simplemente descubrió que poseía la naturaleza de buda, la semilla de la Iluminación, y que todos los demás también la poseían.

La naturaleza de buda es un derecho natural de todos los seres conscientes y, como suelo decir siempre, «nuestra naturaleza de buda es tan buena como la naturaleza de buda de cualquier buda». Esta es la buena nueva que Buda nos trajo de su Iluminación en Bodhgaya, y que tan inspiradora es para muchos. Su mensaje, que la Iluminación está al alcance de todos, nos aporta una enorme esperanza. Por medio de la práctica, también nosotros podemos llegar a ser iluminados. Si esto no fuera cierto, las innumerables personas que hasta ahora han alcanzado la Iluminación no lo habrían conseguido.

Se dice que cuando Buda alcanzó la Iluminación, lo único que deseaba hacer era mostrarnos a los demás la naturaleza de la mente y participarnos completamente lo que había conocido. Pero también vio, con el pesar de una infinita compasión, lo difícil que nos sería llegar a entenderlo. Aunque todos tenemos la misma naturaleza interior que Buda, no nos damos cuenta de ello porque está encerrada y envuelta en nuestra mente individual ordinaria. Imaginemos un jarro vacío. El espacio interior es exactamento el mismo que el espacio exterior. Sólo sus frágiles paredes separan el uno del otro. Nuestra mente de buda está encerrada entre las paredes de nuestra mente ordinaria. Pero cuando nos volvemos iluminados es como si el jarro se rompiera en mil pedazos. El espacio «de dentro» se funde instantáneamente con el espacio «de fuera». Se convierten en uno, y en ese mismo instante nos damos cuenta de que nunca fueron distintos ni independientes el uno del otro; siempre fueron lo mismo.

Aprende budismo en Valencia

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