La gran y curiosa verdad

El desarrollo de la compasión: un enfoque contemplativo

ImprimirDe una charla dada por Patrick Gaffney en la conferencia “Empathy and Compasion in Society” en Londres, 23 de noviembre 2012. 

No es ningún secreto que cuando se habla y se medita sobre la compasión, muchas de las ideas provienen de la tradición budista, especialmente la del Tíbet. Sin embargo, estos métodos están siendo utilizados en todo el planeta, por personas de cualquier religión y también por personas que no tienen religión. Están basadas en el hecho de que podemos entrenar la mente, al igual que podemos entrentar el cuerpo. Y que podemos cambiar.

No hace mucho, en los Estados Unidos, un profesor que daba una charla en una graduación de escuela de secundaria conmocionó e indignó a los asistentes cuando le dijo a los estudiantes: “Vosotros no sois especiales.” Todo el mundo se quedó inmóvil y escucharon horrorizados lo que dijo a continuación: “Incluso si tú destacaras entre un millón de personas, todavía habría 7000 personas más como tú … Has sido mimado, cuidado con esmero, se te ha dado de todo, se te ha protegido en una burbuja, se te ha festejado y adulado, y se te ha llamado “cariñito”. Pero tú no eres excepcional… ”

Este profesor pareció haber encontrado algo importante, porque en cierta forma hemos creado un mundo en el que estamos obsesionados con nosotros mismos. Se dedica muchísimo tiempo y dinero a adorar nuestra propia auto-imagen. Por ejemplo ahí está la industria de la belleza, la industria anti-envejecimiento, X-Factor, American Idol, el hábito de comprar más y más cosas, o simplemente el alimentarnos hasta prácticamente reventar. Se alienta el egocentrismo y el mimo a uno mismo, e incluso se consideran la clave del éxito. Los psicólogos hablan de la “epidemia del narcisismo”. Y en el mito de Narciso se ve muy claro, él de hecho muere por pura obsesión consigo mismo.

Aquí es donde entra en juego la compasión, porque en el fondo, la compasión tiene que ver con un cambio profundo: desde el centrarse completamente en nosotros mismos a centrarnos en los demás, es un cambio fundamental de actitud. Esto deshace nuestra fijación con el “yo”, y aquí hay un giro maravilloso, porque el desarrollar una verdadera preocupación por los demás realmente hace mucho más posible nuestro propio bienestar, mucho más que el siempre intentar ponernos por delante o por encima de los demás.

Nuestro profesor estadounidense terminó su discurso dando a los estudiantes el siguiente consejo: “Ejercitad la libertad y el pensamiento creativo e independiente, no para las satisfacciones que os aporten a vosotros, sino por el bien que hará para los demás, el resto de los siete mil millones, y los que les seguirán. Y será entonces cuando descubriréis la gran y curiosa verdad de la experiencia humana: que el altruismo es lo mejor que puedes hacer para ti mismo. Así que las dichas más dulces de la vida vendrán únicamente con el reconocimiento de que no eres especial. Porque todo el mundo lo es “.

En breve, la compasión es el deseo de aliviar el sufrimiento y sus causas, junto con la necesidad de actuar con el fin de hacer algo al respecto. A la compasión a veces se le describe como “la incapacidad de soportar el sufrimiento de otra persona.” Piensa en ese sentimiento instintivo que tiene un padre por ayudar a su hijo con problemas, o que siente un hijo por un padre con Alzheimer, o que sentimos nosotros mismos cuando escuchamos que un ser querido ha vuelto a ser diagnosticado de cáncer.

Pero la compasión es mucho más que simplemente un sentimiento o una emoción. Incluye un elemento cognitivo fuerte, de razonamiento o pensamiento. Es una actitud, una conciencia, y algo que se dirige hacia todo el mundo, incluidos nosotros mismos. Y tiene que ver con el respeto, y no con la pena o la lástima.

Ahora bien, todos tenemos la semilla de la compasión. El Buda, Darwin y los primatólogos están de acuerdo con que la capacidad de sentir y experimentar el sufrimiento o felicidad de otra persona está integrada en nuestra naturaleza. Esto es lo que nos hace especiales. De hecho se puede decir que nuestra verdadera naturaleza como seres humanos es la bondad fundamental: abierta, clara, amorosa, inteligente, ilimitada y compasiva. Así que la compasión no es una cualidad difusa o aleatoria, que podemos o no tener. Puede ser cultivada por cualquier persona. Y cuando tomamos este sentimiento humano básico, esta apertura de corazón, y la expandimos de forma deliberada, desarrollándola con nuestra imaginación, es aquí que estamos cultivando la compasión.

Existen todo tipo de ideas erróneas sobre la compasión. En primer lugar, que se trata de una cuestión puramente religiosa. Eso evidentemente no es cierto. El Dalai Lama, que es en cierta forma una autoridad de la compasión, pasa la mayor parte de su tiempo haciendo campaña de lo que él llama la ética secular, un altruismo universal que es para todos y que está más allá de lo religioso.

También se podría decir que la compasión tiene que ver con ayudar a los demás y que uno acaba descuidando su propio bienestar. Pero, francamente, ¿quién se beneficia del egocentrismo? Ni nosotros, ni los demás. ¿Quién se beneficia de cuidar a los demás? Sin importar lo que otras personas puedan obtener de nuestra compasión, nosotros mismos nos beneficiamos un 100%. Es por esto que se dice que si quieres ser ‘sabiamente egoísta “, cuida de los demás.

También podrías decir que la compasión es un refugio para los débiles y blandos, y que engendra debilidad, sobre todo en este mundo nuestro, tan brutal y competitivo. El empresario estadounidense Donald Trump dijo una vez: “¡Muéstrame a alguien sin ego, y yo te mostraré a un perdedor!” ¿Así que acaso terminaremos siendo un ejército de fracasados que se dejan pisar? Todo lo contrario; algunas de las personas más compasivas que conozco son también las más fuertes y las más decididas y comprometidas.

Así que una parte de este cultivo de la compasión conlleva hacer una lista en la mente de las ventajas y desventajas del egocentrismo frente al altruismo. El pensar que somos el centro del universo (todos sabemos como es esa sensación) parece garantizar un estrechamiento claustrofóbico de nuestra perspectiva. Tiende a atraer la desgracia. Tendemos a echarle la culpa a los demás. La más mínima decepción nos trastorna y se convierte en una catástrofe, y si hacemos una buena acción por alguien, no paramos de hablar al respecto. Es un gran error pensar que cuidar únicamente de nuestro “yo” es nuestra mejor protección, y que es beneficioso para nosotros a nivel último.

Todos nosotros tenemos en nuestra cabeza una voz persuasiva con un comentario de fondo acerca de cómo cuidar a “la persona más importante”. Por supuesto que necesitamos un cierto sentido funcional y cálido de identidad para vivir, pero la mayoría de nosotros estamos siendo cultivadas por nuestros egos. Y en lo que concierne el medioambiente, a nivel global y económico, esto es desastroso.

Por otra parte, el desarrollo de una verdadera preocupación por los demás, como podemos ver en la investigaciones científicas y médicas, nos aporta todo tipo de beneficios: nos hace más amables, más saludables y menos estresados. Es lógico pensar que al pensar en los demás, inevitablemente nuestras mentes se expanden y se vuelven más espaciosas. La sensación de que nuestros problemas son enormes e insuperables se desvanece. La valentía y la audacia también crecen, porque la compasión implica afrontar las dificultades, cambiar nuestra actitud hacia el dolor y mantenernos en pie en presencia del sufrimiento, el propio o el de otra persona. El Dalai Lama dice: “Cultivar un sentimiento cercano, cálido, de buen corazón hacia los demás automáticamente relaja la mente. Ayuda a eliminar cualquier miedo o inseguridad que podamos tener y nos da la fuerza para hacer frente a cualquier obstáculo con el que nos encontramos. Es la principal fuente de éxito en la vida “.

La compasión es algo que siempre está en acorde con la realidad. Martin Luther King dijo: “Estamos atrapados en una red ineludible de reciprocidad, ligados en un solo tejido del destino. Lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente. Esta es la estructura interrelacionada de toda la realidad.”

Todos nosotros estamos profundamente conectados unos con otros. ¿No somos todos descendientes de una señora en el este de África? Prácticamente todo lo que usamos, consumimos y sentimos es debido a otras personas. Al nacer, crecer y envejecer, dependemos totalmente de otros. Somos totalmente interdependientes, lo que significa que nuestra felicidad y nuestro sufrimiento están indisolublemente ligados a la felicidad y el sufrimiento de los demás.

Una cosa importante que todos tenemos en común es que todos estamos buscando la felicidad y el sentirnos plenos, y todos estamos tratando de evitar el sufrimiento. ¿No es esto lo que todos queremos? Y así, un paso clave al cultivar la compasión es contemplar una y otra vez en nuestras mentes este hecho innegable de que todos somos iguales. Hay que pensar en ello, absorberlo, e incluso recordarlo cuando ves a otro por la calle, considerando que es otro tú. Todos nos necesitamos los unos a los otros, todos cometemos errores y todos afrontamos desafíos y sufrimiento, de una u otra clase. Un filósofo del pasado dijo: “Sé amable, porque todos con los que te encuentras están luchando una gran batalla.” La única diferencia entre uno mismo y los demás es que nos superan en número, siete mil millones a uno. ¿Así que qué prioridad es más importante: la nuestra propia o la de ellos?

Y así, al cultivar la compasión, como mínimo tratamos de sentir que todos estamos en el mismo equipo. Siempre comenzamos con nosotros mismos y con nuestra propia experiencia, con nuestro propio sufrimiento y nuestra comprensión del mismo. Sabemos lo que se siente al sentir frustración, aislamiento, ira y pena; sabemos lo que se siente cuando somos nuestro peor enemigo. También sabemos qué es lo que nos aporta alegría y bienestar. Así que es nuestra propia experiencia, nuestro propio deseo de liberarnos, lo que se convierte en el canal para llegar a la compasión por el otro.

Por ahora nuestro amor y compasión son bastante limitados. A menudo se basan en la actitud o el comportamiento o relación que tiene la otra persona con nosotros. Es casi una especie de pacto o contrato. La verdadera compasión es algo que generamos para todo el mundo, basada en el simple hecho de que están vivos. Así que algo indicativo de nuestro progreso en el cultivo de la compasión es cuando podemos salir de nuestra zona de confort y sentir la misma compasión por nuestros enemigos y la gente que no podemos soportar, que sentimos por nuestros seres queridos.

Así que el primer paso en el cultivo de la compasión es todo lo que se ha dicho hasta ahora, cuando reconocemos personalmente la importancia, el valor, tal vez incluso la necesidad desesperada que tenemos por la compasión. Porque sólo esto nos dará el compromiso y la energía para motivarnos a entrenarnos en la compasión.

Después tenemos que observar con sobriedad nuestras propias mentes. Para cultivar la compasión necesitamos tener al menos cierta capacidad para centrar nuestra atención en los demás, en actos de bondad y en la compasión misma. Investigadores de Harvard descubrieron que nuestras mentes tienden a distraerse de lo que se supone que debemos estar haciendo un increíble 47% del tiempo. Y nos hace infelices. Esto significa, sin incluir el tiempo para dormir, que acumulamos casi ocho horas al día de «no estar presentes”. ¡Es como un trabajo a jornada completa!
Es por esto que tenemos que traer la mente a casa con la práctica de la meditación. Sogyal Rimpoché ha dicho que aprender a meditar es el regalo más grande de bondad que podemos hacernos a nosotros mismos. Tenemos la oportunidad de ver cómo funciona nuestra mente, que, por supuesto, no está exenta de un elemento cómico. La meditación significa “familiarizarnos”, y a dejar la mente en paz, a relajarnos en el momento presente, y descubrir gradualmente el estado de no-distracción. Aprendemos a no ser críticos hacia nosotros mismos cada vez que nuestra mente divaga o cae en un estado de pensamiento insensato o desagradable. Lo bello es que establecemos una relación diferente con nuestros pensamientos: una en el que no los reprimimos, no nos convertimos en sus esclavos, y, sobre todo, no nos identificamos con ellos.

A medida que practicamos la meditación, puede que nos demos cuenta de forma bastante natural que no tenemos que seguir protegiéndonos, no hay razón para sentirse inseguro o temeroso, y no hay nada que nos impida ser compasivos. Cuando estamos en contacto con quien somos, podemos estar en contacto con los demás.

Con este tipo de enfoque y de atención podemos desarrollar nuestra capacidad natural de calidez de corazón y preocupación sincera por los demás. Podemos meditar en el amor, la compasión, la alegría o la ecuanimidad. Tomemos la meditación sobre el amor o la bondad amorosa; “amistad incondicional”. Aquí usamos imágenes mentales, o frases repetidas en la mente, para contactar y aumentar nuestra capacidad para amar, que es el deseo de traer la felicidad y sus causas, para nosotros mismos y para los demás. Frases como: “Que estés seguro; que seas feliz; que estés sano; que vivas con paz … ”

Este es un método poderoso, que resulta particularmente útil cuando lo dirigimos hacia nosotros mismos. “Que yo esté bien; que yo sea feliz.” Imaginamos que nos abrimos a recibir amor.

De hecho la auto-compasión; la bondad, la comprensión y la aceptación dirigida a nosotros mismos, es inmensamente importante para nosotros hoy en día, cuando sentimos que no merecemos ser felices, o nos sentimos solos e inseguros, o empleamos nuestro talento para ser extremadamente críticos con nosotros mismos. También nos ayuda a no sentirnos abrumados cuando nos encontramos con el sufrimiento de otros, o cuando utilizamos la compasión por los demás como una forma de escapar o ignorar nuestra propia infelicidad. Descubrir el amor y la compasión por los demás es mucho más fácil cuando lo hemos encontrado por nosotros mismos.

Cuando llegamos a cultivar la compasión por los demás, nos centramos en un ser querido: alguien por quien sentimos cariño o gratitud; alguien que asociamos de forma espontánea en nuestro corazón con sentimientos de amor; alguien que está sufriendo. Los sentimientos naturales que estamos acostumbrados a sentir por breves momentos los nutrimos durante veinte minutos o media hora. Despertamos un fuerte sentimiento de deseo de que sean libres del sufrimiento, del dolor, de la angustia, de la ansiedad, y de sus causas. Empezando con aquellos a quienes amamos, ampliamos ese sentimiento y dirigimos nuestra compasión hacia las personas que son progresivamente más distantes o problemáticas. Así que nos imaginamos enviando compasión a nuestros seres queridos en primer lugar, a continuación, a los amigos, los miembros de nuestra familia (por supuesto, su posición en la secuencia puede variar), desconocidos, rivales, y después a todos los seres humanos y todos los seres vivos en todas partes.

Una de las prácticas más populares y claves de la compasión es el tonglen, una palabra tibetana que significa “enviar y tomar”, o “dar y recibir”. Damos la felicidad y el bienestar y tomamos el sufrimiento sobre nosotros mismos. Mentalmente nos imaginamos el sufrimiento, el miedo, el aislamiento y el malestar experimentado por los demás (o por nosotros mismos) y lo inhalamos. Podemos imaginar que va destruyendo nuestro mimo por nosotros mismos. A medida que exhalamos imaginamos que le damos a la persona nuestra felicidad y bienestar: todo lo que ellos puden necesitar.

Muchas personas han encontrado esta práctica de gran ayuda cuando enferman o cuando alguien cercano se está muriendo. Es una práctica que también es muy útil para sanar las relaciones o para sanar las cosas que salieron mal en el pasado. Se puede utilizar en la vida cotidiana en las circunstancias más corrientes, cuando estamos esperando en una cola o esperando en un atasco de tráfico, por ejemplo.

Por supuesto, al tomar el sufrimiento y dar la felicidad, estamos desbarantando la mecánica de nuestros patrones habituales de comportamiento. Y así, cualquiera que sea su efecto en los demás, una cosa que es cierta es que el tonglen disminuye nuestra actitud de egocentrismo y aumenta nuestra capacidad para cuidar a los demás.

Con este tipo de compasión buscamos ponernos totalmente en el lugar del otro, hasta el punto en el que podemos intercambiar nuestra felicidad por su sufrimiento. Y cada vez que nos pasa algo indeseable o doloroso, sentimientos difíciles por ejemplo, los inhalamos y despertamos una compasión sincera por los incontables seres que ahora están experimentando miedo, aislamiento o dolor como el nuestro, deseando que sean libres de todo ello. Ya estamos sufriendo, así que generamos un firme deseo de nosotros asumir todos sus sufrimientos, y que todos ellos puedan ser liberados de ello y puedan encontrar la felicidad.

Todas estas prácticas se puede hacer como un entrenamiento formal, o informalmente en cualquier momento de nuestra vida cotidiana. Esto se debe a que 1) la compasión no es algo que hace el otro. 2) Tampoco es telescópico, tiene que practicarse en casa y en la calle, tanto como podamos. 3) Tenemos que hacer que todo esto sea lo más real posible, aceptando exactamente donde estamos y sin tener falsas expectativas de hacerlo perfecto.
4) La compasión significa examinar siempre nuestra mente, y elegir actuar con generosidad, autocontrol, paciencia, atención y consideración profundos. Y 5) básicamente la compasión significa dejar de querer que todo salga a nuestro favor, soltar la tendencia que tenemos de corroborar nuestra identidad todo el tiempo, soltar el hacer de nosotros mismos la persona más importante del mundo.

Cualesquiera que sean nuestros fallos o defectos, todos tenemos la capacidad para despertarnos y ser los autores del cambio, en nosotros mismos primero, y luego en el mundo que nos rodea. Está en nosotros. Uno a uno, podemos hacerlo. Alguien dijo una vez que la compasión es un recurso natural, una energía a la par con el viento, el agua, el petróleo, la energía solar o la energía nuclear. Es por esto que es tan inspirador ver a grupos como el “Charter for Compassion”, CCare y Action for Happiness, enfocando nuestra atención sobre la compasión, ver a los científicos y psicólogos que la investigan, y por no hablar de las innumerables personas que la encarnan. El Dalai Lama habló sobre este recurso natural cuando recibió el Premio Templeton 2012 en Londres: “Tenemos que compartir esto con más y más personas. Si mil personas pueden hacer el esfuerzo, se puede multiplicar a diez mil, cien mil. Esa es la forma de cambiar la mente humana “.

© Tertön Sogyal Trust

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